El jurado empezó a deliberar
el destino de Ronell Wilson en la corte federal de Brooklyn esta semana. Los
abogados defensores hablaron largo y tendido de la escabrosa y difícil infancia
de Wilson; quien es acusado de asesinar a un policía. Fue una infancia de
abandono, abuso y familiares adictos a las drogas.
Quizás para algunos este tipo de ambiente explica como alguien pudo acribillar
al oficial encubierta Rodney Andrews en el 2003 y después hacer lo mismo a su
compañero James Nemorin cuando éste suplicaba que no lo matara.
El martes el jurado decidió sentenciarlo a muerte.
Tal vez escucharon la historia de Roger Huerta cuyo pasado no decidió su futuro.
Desde que nació el 20 de mayo de 1983, todo indicaba que Huerta estaba
sentenciado a ser victima de una cosa u otra—violencia, droga-adicción, la misma
que destruyó la vida de su papá, o bien, victima del sistema penal, encarcelado
por involucrarse con una pandilla. Parecería ser que no había esperanza para él.
Era sólo cuestión de tiempo para que cayera victima de cualquiera de estas
cosas.
¿Sería ahí, en Mexico, lugar donde se vio forzado a vender rosarios y chicle en
las calles para sobre vivir? ¿Quizás en El Salvador donde vivió brevemente
durante la amarga guerra civil? O sería Tejas donde Huerte vio a su papá caer
victima de la drogas, una adicción que acabaría dejándolo indigente, miembro de
una pandilla y solo, todo esto antes de ser adolescente.
Bajo cualquiera de estas circunstancias el resultado sería casi siempre igual,
pero lo curioso es que él jamás perdió la esperanza de que todo saldría bien.
Aun así, en ese contexto hasta la misma esperanza lo agotaba.
“Siempre tuve esperanza pero si habían veces en que estaba cansado, admite
Huerta. “Nunca ha sido fácil para mi. Toda la vida ha sido, trabajar, trabaja y
trabajar, y he estado cansado. A veces digo, si tengo 23 años pero me siento
como de 35 o casi de 40. Siento como si ya hubiera visto todo por ver. Hay
quienes dicen que no he visto todo pero, pero yo digo que si. Lo único quizás es
tener un bebé o tomar drogas. Pero, eso si, he visto a mi papá tomándolas
enfrente de mí. Lo vi decaerse y cuando viví en esa casa de pandilleros viví
básicamente en una casa de drogas—sucia y asquerosa—caray…
Huerta se queda pensativo. Lejos están aquellos días pero cuando los reporteros
u otros de los medios le preguntan acerca de eso, su pasado vuelve desbordante.
“A veces cuando me empiezan a preguntar detalles si se pone difícil, dice
Huerta, casi con una risa de resignación. “Empiezo a recordar esos días y lo
tanto que lo odiaba.
Toma una pausa y sigue.
“Si Dios me hubiera dicho ‘Roger, ya te llego la hora,’ con gusto le hubiera
dicho, ‘muy bien, vamonos.
Pero esa era una súplica a medias porque Huerta que desde muy joven ha
perseverado siempre supo que había algo mejor, algo que lo ayudaría a salir de
esa situación toxica. A los 15 años conoció a Bryan Ashford quien era un
entrenador de lucha en la preparatoria Crokett de Austin, Texas al igual que Jo
Ramírez un profesor de letras Inglesas y fue entonces e inmediatamente que supo
que esa era su oportunidad de salir de aquel ambiente tan dañino.
Ashford le enseñó a luchar a Huerta y a éste no se le dificultó para nada.
Ramírez, por otra parte le enseño el amor incondicional que hay entre madre e
hijo y se convirtió en “su ángel de la guarda como él la describe. Ella lo
adoptó cuando él se recibió de la prepa y poco antes de que se fuera a Augsburg
College en Minnesota gracias a una beca de lucha.
La libró.
Y a pesar de que tenía un don para la lucha nada le vino fácil. Como todo en la
vida él triunfó porque se esmeró y trabajó más duro que los demás. A Huerta le
inspira mucho una escena de la película de ciencia ficción Gattaca de 1997 y en
la cual el personaje de Ethan Hawke Vincent le gana a su hermano Anton en una
carrera de natación a pesar ser genéticamente inferior. Anton interpretado por
el actor Loren Dean se queda sorprendido y se pregunta como pudo ganarle su
hermano inferior. Vincent le responde, “Quieres saber como le hice? Así le hice,
Anton — No deje nada para el regreso.
Huerta se sonríe.
“Eso, básicamente, es mi lema.
Si aquí acabara la historia,
con Huerta a sólo dos créditos de completar su carrera en administración de
empresas, podría ser una de los mejores finales pero Huerta ni para cuando
acaba.
Un compañero de escuela en Augsburg introdujo a Huerta a los artes marciales
mixtos—le gustó de inmediato. En el 2003 Huerta empezó a pelear como amateur y
poco después el mismo año estudió con Dave Menne, el campeón peso-medio. En su
primera pelea le ganó por TKO a Shane Lafavor. Había empezado un rumbo nuevo.
A lo largo de los próximos tres años Huerta aterrorizó al medio-oeste de los
Estados Unidos entero con sus victorias ante peleadores rivales como Naoyuki
Kotani y Matt Wiman. En todo ese tiempo perdió sólo una vez contra Ryan Schultz
en el 2004, empató una vez contra el veterano Joe Jordan y tuvo un “no contest
contra la actual estrella del UFC Melvin Guillard. Estos logros crearon una
reputación de Huerta como un peleador emocionante, dotado, bien entrenado.
Por lo regular trato de imponer el ritmo de todas las peleas, dijo Huerta.
“Siempre trato de pelear a mi manera y mis rivales acaban por adaptarse a mi
estilo y ritmo. Siempre es el ritmo rápido y los demás tienen que tener buena
condición física y aguantar mucho o se acaba la pelea. Honestamente esto es
cuestión de ganas y corazón. Uno tiene que estar muy determinado y,
honestamente, mi juventud, mi pasado, todo lo que he hecho y lo que hago es de
puro corazón. Nunca me doy por vencido. Siempre me entrego al máximo en todo lo
que hago. Creo que uno de los pocos peleadores que va a pelear hasta…..hasta
cuando sea.
Con esa disposición y todos sus logros no se tardaron mucho en llamarle del UFC
y para el 23 de septiembre del 2006 ya estaba programado par hacer su debut en
el Octágono contra Jason Dent. Su sueño se estaba materializando y al entrar a
las grandes ligas le llego también la atención de los medios del sur de
California que estaban ansiosos por tener un peleador hispano en el UFC que de
veras hablaba español. Huerta quien hasta entonces no había dicho nada de su
historia personal decidió que era tiempo de hablar.
“Siempre he querido ser
aceptado y jamás quise atención particular, dijo Huerta. “Me recibí de la prepa,
que para mi fue un logro increíble, ir a la universidad fue otro y ahora que
estoy a punto de terminar la escuela y al tener tanta experiencia de pelear en
artes marciales mixtos no tengo porque avergonzarme de mis orígenes. Soy quien
soy gracias a ellos y básicamente ya no siento vergüenza.
Los fans y los medios lo quisieron inmediatamente por su honestidad y sencillez.
Ya no era sólo un peleador; ahora era un modelo, una esperanza para niños en
situaciones similares a las que él sufrió.
“Así es como vivo mi vida, dijo Huerta. “No soy mejor que nadie más. No soy más
que alguien que haya trabajado en McDonald’s, yo también pasé por eso, yo
también lo hice. Yo vendía rosarios y chicle en México. Lo único que ha cambiado
es el tipo de trabajo que hago—ahora entreno y peleo.
Y aunque él no titubea en aceptar el papel de modelo para los demás, tampoco es
un San Roger. Es humano y tiene las mismas preocupaciones, y problemas que todos
y no quiere que nadie lo ponga en un pedestal.
“Tengo mucha fe en Dios, explica. “Me trato de acordar que yo estoy aquí y por
muy difícil que esté aquí no es nada comparado con la gente en Africa o las
tropas en Iraq. Esa gente si que tienen la vida muy difícil y si ellos pueden
aguantar eso lo mío no es nada. Aun considerando la vida que he pasado me digo
que la tengo más fácil que otros. He tenido oportunidades que no puedo explicar.
Creo que Dios nos pone las dificultades para que las superemos y para que
crezcamos. La vida que tengo es una de lujo comparado con lo que vivieron los
pobres del Holocausto.
¿La mejor parte de esta historia? Este muchacho sí es de a de veras—en el
Octágono y fuera de el—y el deporte no pudo haber tenido un portavoz mejor a
medida que se empieza a crecer en popularidad. Claro, el mismo admite, que tiene
problemas con muchachas, pero a los 23 años, ¿quien no los tiene? Huerta ha
superado un pasado impresionantemente difícil sin ser derrotado. Y a diferencia
de otros, no va a usar su turbulento pasado como excusa para portarse mal.
“Tengo fe en Dios y fe que este mundo puede ser un buen y bonito lugar, dijo
Huerta “Yo me veo con familia, criando a mis hijos y adoptando otros. Todo por
lo que pasé me dolió mucho. Me hirieron física y emocionalmente. ¿Por que le
daría ese dolor a otro? Tuve que aguantar mucho y sé que hay mucha gente que,
igual, tienen vidas muy difíciles. Hubo un tiempo en el que no quería hablar de
esto con nadie sólo quería perderme entre los demás.
Pero cuando uno pelea ante más de 17, 000 fans en su debut en el UFC en
Arrowhead Pond, perderse entre los demás ya no es posible.
“No me había dado cuenta
hasta que pasé por esas cortinas, dice Huerta. “Miré a Dave (Menne) y Monte
(manager, Cox) a los ojos por fin me di cuenta que al fin había realizado mi
sueño. Reflexioné un poco y pude entender que ya no estaba peleando por mí.
Estoy peleando por todos. Por quien sea que necesita esperanza—por ellos estoy
peleando.
Este excelente articulo fue publicado el 2 de febrero del 2007 por Thomas
Gerbasi, desde la pagina oficial del UFC.com